Antes de empezar a desgranar el descendimiento vamos a hablar sobre su autor. Su nombre real era Roger de la Pasture, nació en Tournai en 1399, en aquellos momentos era una ciudad francesa en los territorios del ducado de Borgoña.

Hacia 1416 entró como alumno en el taller de Robert Campin, este pintor, más conocido internacionalmente como el Maestro de Flemalle, junto con van Eyck fueron prácticamente los creadores e impulsores de la escuela holandesa de pintura, que tanto desarrollo tuvo posteriormente, se les identifica como “los primitivos flamencos”, hacia 1427 obtiene el titulo de aprendiz, nuestro personaje es bastante mayor, tiene unos 28 años, y en 1432, con 33 años, recibe el título de maestro pintor.

Van der Weyden vivió prácticamente toda su vida en Bruselas, a donde se trasladó en 1436, según consta en la primera mención que de él se hace, ya en la ciudad de Bruselas.

El Descendimiento fue una de sus primeras obras y fue pintada antes de su traslado a Bruselas.

El Descendimiento de Roger van der Weyden

Veamos el Descendimiento más a fondo.

Es una obra de 220 x 260 pintada sobre el 1435/36. Era un tríptico encargo del gremio de ballesteros de Lovaina, ciudad en la que se supone que vivía nuestro artista por aquella época, y se situó inicialmente en el retablo de la Capilla de Nuestra Señora de Extramuros, donde dicho gremio tenía su sede, y allí estuvo por más de cien años, pero en 1549, la regente de los Países Bajos María de Hungría, hermana de Carlos V, llegó a un acuerdo con los responsables del templo, los ballesteros parece que ya habían desaparecido, mediante el cual ella se quedaba con el cuadro central de Van der Weyden a cambio de un magnifico órgano para la iglesia y una copia de dicho cuadro hecha por un prestigioso artista local.

El príncipe heredero Felipe (Felipe II) lo vio en una visita a los Países Bajos y le pidió a su tia que se lo regalase con motivo de su coronación, aparentemente no lo hizo y el cuadro, al que ella apreciaba mucho, volvió a España con ella cuando fue obligada a abandonar Flandes.

Probablemente su muerte (1558) facilitó que finalmente Felipe II se hiciera con El Descendimiento.

Ya en su poder el rey Felipe II ordenó una restauración muy ligera de la obra (daños del traslado, parece que el barco que lo transportaba sufrió algún percance) y la realización de una copia que debía quedarse en el palacio de El Pardo, mientras el original viajaría con él hasta El Escorial.

Durante la Guerra Civil Española el cuadro fue trasladado desde el Escorial al Prado y posteriormente a Ginebra, desde donde regresó en 1939 integrándose definitivamente en El Prado.

Ésta es, más o menos, su historia como tal.

Hablemos del cuadro en sí.

En aquellos tiempos era mucho más apreciado un relieve que una pintura, por lo que nuestro artista desarrolló un especial arte representando sus cuadros como si fueran un relieve, véase por ejemplo El Calvario, en el monasterio del Escorial, cuya ejecución imita fielmente un bajorrelieve.

Igual podríamos decir de nuestro cuadro El Descendimiento. Sobre un fondo dorado uniforme y en un espacio de no demasiada profundidad, para acentuar el efecto bajorrelieve, diez personajes representan el acto simbólico del descendimiento de Jesús de la cruz donde murió.

El marco está montado sobre otro igual pintado sobre la tabla en el que se observa que los clavos que tiene en su mano el muchacho que está arriba de la cruz parecen sobresalir de él, ese marco que tiene unas esquineras góticas en las que pueden distinguirse unas pequeñas ballestas en honor del cuerpo de ballesteros que encargó la obra.

Se identifican a seis personajes: Jesús, su madre María, la Magdalena, el apóstol Juan, José de Arimatéa y Nicodemo, el resto son algunas de las piadosas mujeres o algunos sirvientes que acompañaron el momento.

Lo primero que se observa es la disposición de los personajes, Juan por la izquierda y la Magdalena por la derecha cierran la acción, siempre se les ha comparado como un a modo de paréntesis.

Es notable que las figuras de Jesús y su madre guarden un evidente paralelismo, quizás significando su unidad en el dolor.

Es exquisito el vestido de María de está elaborado en un inigualable azul de lapislázuli, obsérvese que su pierna izquierda parece mayor de lo normal. El artista ha representado a la Virgen María desmayada al ver el cadáver de su hijo, su cara es totalmente blanca, lívida, más aun que el propio Jesús.

Y, como ya se ha dicho, su postura es copia fiel de la de su hijo muerto.

El cuerpo de Jesús es de absoluta calma y reposo, salvo las heridas causadas en el tormento su faz no refleja sufrimiento, no hay excesiva sangre en la representación, la causada por las espinas de la corona son realmente discretas, quizás ha exagerado algo la sangre del costado, pues fue alanceado cuando ya estaba muerto. Su mano  derecha, que cuelga inerte, está a punto de tocar la izquierda de su madre, dando un toque entrañable a ese gesto. De cualquier forma el artista lo hace aparecer como la figura principal de la obra, su composición diagonal y pálido color, en manifiesto contraste con el cromatismo e incluso opulencia del resto de personajes, hacen coincidir en él las miradas del espectador.

Todas las figuras lloran y el artista se recrea en las lágrimas que recorren las facciones de los representados.

Al pie de la cruz, ligeramente en alto, casi levitando, vemos a Nicodemo, rico fariseo y miembro del Sanedrín, quien tras una conversación con Jesús se convirtió en su seguidor y discípulo, aunque ocultándolo a sus compañeros.

Él tiene asido el cuerpo de Jesús, ayudado por el joven que lo ha desclavado, y está cuidando depositarlo en el suelo, acción que le ocupa y en la que parece estar concentrado, sus piernas no parecen estar muy en consonancia con la postura del resto de cuerpo.

Además en una persona de su edad y posición es muy impropio el uso de esas calzas a pierna descubierta.

Obsérvese que la escalera tiene arriba escalones redondos y abajo los tiene planos, ¿genialidad o despiste? 

Blog de culturilla.

Sujetando las piernas de Jesús está José de Arimatéa, según parece un rico hombre, también miembro del Sanedrín, incluso se le tiene por el propietario del sepulcro en el que se enterró a Jesús, también seguidor en la sombra de las doctrinas predicadas por Jesús. Tiene la cara bañada en lágrimas.

En muchas historias aparece como pariente de María y por lo tanto tio-abuelo de Jesús, del que se coinvirtió en tutor a la muerte de José, la vestimenta que Van der Weyden le ha dotado es sencillamente espectacular, el brocado en hilo de oro es fácilmente identificable, resalta el relieve de la pintura que ayuda a recrear el volumen de los bordados de su vestimenta, se pueden distinguir las puntadas de hilo de oro que forman cada uno de los bordados de la vestimenta

En la parte inferior de el descendimiento se ven sus pies, calzados con unas especies de chanclas de uso doméstico, además el pie que figura a la izquierda no se corresponde con la situación del cuerpo. José de Arimatéa fue quien pidió permiso a Pilato para bajar de la cruz y enterrar a Jesús, parece que esa gestión la hizo a toda prisa, su lujoso abrigo está mal abrochado y sujeto por el cinturón de cualquier manera, el tocado de cabeza también está mal puesto y el pelo que se ve está desordenado.

Cierra el cuadro por la derecha la figura de María Magdalena, es una postura muy patética, parece a punto de desmayarse, también tiene aspecto de estar con ropa de casa, el artista la retrata con un generoso escote, lo cual puede indicar que está en camisa sobre la que se ha echado una especie de manto gris-purpura, que ahora le está resbalando hacia el suelo.

Van der Weyden se recrea en el cinturón que pone sobre sus caderas, en el que se lee ”IOHSUS MARIA” suponemos que esa María a la que alude es ella misma y por lo tanto plantea la antigua cuestión si María Magdalena era la esposa de Jesús, para corroborar el hecho la Magdalena muestra su mano derecha en la que se ve claramente un anillo nupcial.

Curiosamente el tocado de María Magdalena tiene la misma terminación en los bordes que el paño de pureza que ciñe la cintura de Jesús, otro gesto que une a ambos personajes.

Mientras todos parecen mirar a María desmayada, la Magdalena es la única que está mirando el cuerpo de Jesús.

Detrás de ella al fondo un anciano muestra un frasco que debe ser el del ungüento con el que a ella, como su esposa, le corresponde el deber de ungir el cuerpo de su marido muerto, después de haberlo lavado.

Hay una franja al pie del cuadro donde súbitamente aparece una cierta naturaleza, llena de referencias a la muerte y resurrección.

Y hasta aquí nuestro análisis de el descendimiento.

2 comentarios en “El descendimiento – van der Weyden”

  1. Me ha encantado el comentario. En un principio, solamente me llamaba la atención la disposición de los personajes de una forma casi simétrica pero, al ir conociendo tantos detalles ( espléndidos ropajes, paralelismo entre las figuras de Madre e Hijo, cinturón de M. Magdalena……) la curiosidad crece y crece.
    Desde luego que las piernas de Nicodemo van a su aire. Por cierto, por qué S. Juan va descalzo?

    1. Pues la verdad no lo sé, pero me parece una buena observación, próxima recomendación «anatomía del corazón» de Simonet. Por cierto a tu amiga Matilde que es tan leida y estudiada a lo mejor le interesaría entrar en el blog y conocer cosas.

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