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El juicio de Paris – Enrique Simonet

Cuadro de Enrique Simonet y Lombardo, pintado sobre 1904, una obra de grandes dimensiones, 215 x 331, actualmente en el Museo de Bellas Artes de Málaga.

Pintó este cuadro estando en Barcelona y muy influenciado por las tendencias modernistas del momento, el Art Nouveau y Gaudí estaban modificando la fisonomía y la mentalidad de la nueva Barcelona.

juicio de parís
El juicio de París – Simonet

El juicio de París se construye en base a colores claros y limpios, reflejando una actividad a pleno sol y con un gran muestrario de plantas autóctonas, donde no faltan una parra o las adelfas, está queriendo reflejar un paisaje netamente mediterráneo, muy alejado físicamente de lo que la mitología cuenta, ya aclararemos el tema.

Este cuadro fue bastante criticado por los grupos más conservadores de la pintura del momento, por considerar que Simonet se apartaba de los cánones que seguía el arte pictórico,  al no seguir la línea tradicional de la pintura española del siglo XIX, más bien histórica o costumbrista, y hacer esa irrupción en la llamémosla frívola pintura mitológica.

Contrasta la libertad de expresión de esta obra con otra de sus más conocidas; ”Anatomía de corazón” obra cerrada y con una luz muy medida, obra de pensionado, mientras que en El Juicio de Paris nos ofrece una interpretación libre y luminosa de un tema totalmente nuevo y de más libre ejecución, curiosamente ambas obras están en la misma sala del Museo de Bellas Artes de Málaga, una enfrente de la otra, Simonet tenía 24 años en la “Anatomía”, y era una obra con tema obligatorio, y 38 en este “Juicio de Paris”.

¿Que nos cuenta es cuadro?

La historia que nos cuenta es la siguiente: La diosa Eris (que significa discordia), muy molesta por no haber sido invitada a la boda de Peleo y Tetis, cuando todos los demás dioses lo habían sido, se presenta en el Olimpo llevando una hermosa manzana de oro puro, aquí puede haber una alusión al famoso Jardín de las Hespérides y sus manzanas de oro que proporcionaban la inmortalidad a quien las comía, y que debería ser entregada a las más bella de las presentes, de inmediato las diosas Hera, Atenea y Afrodita se presentan y pugnan por ella.

Ante la imposibilidad de un acuerdo el dios Zeus escoge al príncipe Paris, hijo de Priamo rey de Troya, quien, apartado de la corte, ejercía el oficio de pastor y no estaba contaminado por la sociedad helena, como juez de este litigio.

Según vemos en este cuadro las diosas se presentan ante él y cada una le ofrece algún don si la elige a ella, así Hera le ofrece la sabiduría universal, Atenea la imbatibilidad en cualquier batalla y Afrodita el amor de la mujer más hermosa de la Tierra, Paris, joven muchacho aún, evidentemente elige entusiasmado a Afrodita y se cumplió la promesa.

Priamo envía a su hijo Paris, ya reconocido como príncipe, en una embajada ante el rey de Esparta, Meneleo quien lo recibe en palacio y allí conoce a su mujer la bella Helena, solo al verla Paris es atraído por ella y Helena siente el hechizo de Paris, Afrodita pone en marcha su promesa y Paris rapta a Helena, y la ira de Menelao da comienzo a la guerra de Troya, de la que todos hemos oído hablar.

¿Que se ve en el cuadro?

El cuadro refleja el momento en que Afrodita en actitud de ofrecimiento enseña impúdicamente su cuerpo a Paris, solo va vestida con sus sandalias y un par de brazaletes con forma de serpientes, símbolos de la sexualidad femenina, ya otra diosa había hecho lo propio, vemos que Atenea, a quien Simonet retrata copiando el modelo de le Venus Capitolina, también ha enseñado su cuerpo, pero parece más recatada que la sensual Afrodita.

Hera era más seria o al menos lo aparenta y Simonet la presenta con la corona que la eleva a la categoría de reina de las diosas.

Para ofrecerle estos dones no tienen porque desnudarse, pero la diosa Afrodita, Simonet y la iconografía habitual creyeron que así enfatizaban su ofrecimiento, por si el joven Paris no había captado la calidad de su oferta, su ropa aparece en las manos de Eros, un rollizo y sonriente bebé con alas de mariposa sentado en el suelo a sus pies, quien, por cierto, era hijo de Afrodita y del dios Ares.

El artista ha remarcado la cabeza de Afrodita situando tras ella una zona fuertemente iluminada de un color oro muy agradable y esa luz hace que el pelo forme una especie de orla iluminada alrededor de su cabeza, mientras sobre ella unas hojas de adelfa forman como la imagen de una estrella. El príncipe Paris, vestido con una piel de leopardo, ¿había leopardos en Grecia? y manteniendo en su mano derecha la manzana de oro en cuestión, observa cuidadosa e intensamente la escena, y evidentemente tiene fácil tomar su decisión.

Para enfatizar la vida silvestre del joven Paris, Simonet lo pinta con una piel de un color tostado aludiendo a su vida al aire libre, a mi modo de ver excesivo, la diferencia entre el tono de piel de las diosas y del pastor está tratada en demasía, Paris no está tostado por el sol, está achicharrado, ese muchacho corre un gran peligro de cáncer de piel, aunque no lo sabe.

Por cierto ¿en qué está sentado Paris?

El artista no parece haber resuelto con acierto esa tontería, o está en cuclillas o está sentado ¿pero dónde? y con los pies de puntilla, actitud un poco cursi, ese muchacho no parece estar nada cómodo.

Para enfatizar su profesión de pastor el artista nos recrea con un muy iluminado fondo de rebaño de cabras, que curiosamente todas miran hacia donde se está realizando la acción, están muy interesadas en lo que pasa, y una de ellas, sin duda su favorita o favorito, pues puede ser el macho cabrío de la manada, a juzgar por sus barbas, está junto a él participando también en el espectáculo, pues está mirando fijamente a Afrodita ¿celos o también a él le está gustando la muchacha?

El juicio de París, ultimas conclusiones

Según la mitología no sucedió así exactamente, fue Zeus quien se encargó, a través de Hermes, de llevar al príncipe Paris, al lugar en que se estaba produciendo el litigio y no fueron las tres diosas las que se trasladaron para visitarle en las perdidas campiñas de las laderas del monte Ida, allá en la Tracia, cerca de Troya, pero tierra adentro de la actual Turquía, donde ejercía de pastor, sin embargo en el cuadro se ve a las cabras de Paris, luego presupone que estamos en la Tracia, porque Zeus no iba a transportar a las cabras también. Aunque realmente esta cuestión es irrelevante a efectos de la pintura que estamos viendo.

El pavo real tras Afrodita y que parece acompañarla, quizás protegerla o a lo mejor solo proporcionarle un buen fondo artístico ante el embelesado pastor, puede ser el propio Zeus que gustaba de transmutarse en algún animal según las situaciones lo requerían y ésta es de las que no podía desaprovechar.

Según parece al menos las caras de las tres diosas son la de su joven esposa Asunción Castro, que fue su modelo habitual, y el príncipe Paris y el pequeño con alas de mariposa que representa a Eros el dios del amor, son sus hijos Ramón y Enrique.

Este cuadro perteneció a la familia de Simonet hasta que fue ofrecido a la Junta de Andalucía que lo adquirió para dotar los fondos del Museo de Bellas Arte de Málaga.

Esta leyenda ha sido inmortalizada por numerosos pintores: Rubens pintó varios cuadros con este tema, tanto sobre “Las tres gracias” como sobre “El juicio de Paris” permitiendo al autor deleitarse plasmando en lienzos sus más íntimos conceptos sobre la belleza femenina, también Botticelli y Rafael lo ilustraron e incluso Renoir y Cezanne se atrevieron con el tema, y Picasso  y Dali también cayeron ante el poder de seducción de las tres gracias, nombrando solo a los más reconocidos, porque este tema tiene innumerables interpretes.

2 pensamientos sobre “El juicio de Paris – Enrique Simonet”

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