Es este lo que se llamó un cuadro corporativo, que fueron muy comunes en la Holanda del siglo XVII, siendo Frans Hals su más conocido intérprete.

Fue pintado por Rembrandt en 1642 y tiene unas enormes dimensiones de 359 x 438, (era aún mayor, pero tuvo que ser recortado posteriormente), fue encargado por  la Corporación de Arcabuceros de Ámsterdam para decorar el  Groote Zaal, ‘Gran Salón’ del edificio sede de esta milicia.

compañía del capitán

En el siglo XVIII este cuadro fue transferido al Ayuntamiento de Amsterdam y allí fue recortado para adaptarlo al lugar donde se colocaría. Tras muchas vicisitudes durante la ocupación Napoleónica el cuadro se refugió en una casa solariega, que posteriormente fue el propio Rijkmuseum y allí se quedó.

Según parece cada personaje debía pagar una suma de unos cien florines por aparecer en el cuadro, el capitán y su teniente seguramente algo más, cantidad más que respetable en aquella época, por lo tanto el coste del cuadro podía pasar de los 1600 florines, cantidad muy importante.

Rembrandt ya había pintado otras obras grupales la más conocida “La lección de anatomía del doctor Tulp” pero era un cuadro con escasos personajes, tratar de llevar el mismo concepto pictórico a un volumen de 16 personajes fue quizás demasiado arriesgado.

El cuadro muestra el momento en el que el capitán Cocq da la orden de marcha y tras él se movilizan los 16 componentes de la Compañía

La «Compañía del capitán Frans Cocq» al detalle

Es evidente que el autor quiso huir del hieratismo de cuadros similares y desarrolló la idea de que todos los personajes, que parecen estar saliendo de unos soportales en sombra a una zona fuertemente iluminada,  estén haciendo algo, que estaban vivos, los hay que hablan entre ellos, enarbolan una bandera, o una lanza, uno carga su arcabuz, otro toca un tambor, el propio capitán Cocq está dando la orden de comenzar a andar mientras extiende su mano apoyando el gesto, en fin quiso que hubiera movimiento en los retratados, pero parece que los protagonistas esperaban otra cosa.

Tengan en cuenta que en 1634 Hals ya había pintado el excelente cuadro de “La Compañía del capitán Reynier Raeal” también conocida por “La flaca Compañía”, quizás el mejor cuadro que sobre este tema se ha ejecutado y probablemente esperaban algo así.

Podemos aventurar que el cuadro inicial sería de una espectacular policromía, piensen que los personajes salen de una zona oscura, unos soportales, a una brillantemente soleada, donde sus abigarrados atuendos brillarían con luz propia.

Pero la presentación del cuadro fue muy polémica, los retratados rehusaron reconocerse, aduciendo que las caras eran minúsculas y de difícil identificación, algunos incluso la llevan tapada, y se negaron a abonar los florines prometidos.

Parece que Rembrandt se le ocurrió la peregrina idea de oscurecer el lienzo menos las caras de los componentes pensando que así se harían más notorias sus facciones, curiosamente mantuvo con su brillante colorido original a la jovencita del vestido amarillo, ya hablaremos de ella, evidentemente no tuvo éxito, realmente fue una idea descabellada y estúpida, pero lamentablemente el cuadro continuó así.

En el siglo XIX la crítica francesa le denomina como la “La ronda de noche” y esa denominación se extendió rápidamente, el cuadro daba perfectamente esa imagen, pues al oscurecimiento que el propio autor le realizó se sumaban dos siglos de suciedad y deterioro del barniz inicial.

Las sucesivas limpiezas y restauraciones han ido eliminando capas de suciedad y veladuras y el cuadro cada vez muestra más claramente que no hay ninguna idea de nocturnidad en la obra, se trata de un cuadro que muestra a los componentes de la milicia del capitán Cocq a plena luz del día e incluso brillantemente iluminados algunos de ellos.

Hay varias fuentes cromáticas muy interesante

Por ejemplo el soldado de rojo a la izquierda del capitán que está en actitud de cargar su arcabuz, en algunos apuntes y copias este soldado aparece con una vestimenta fuertemente roja muy llamativa, actualmente está “oscurecido”, la acción que está realizando la está haciendo de forma incorrecta por las prisas, pero el autor debió pensar que esa acción daba más movimiento a la imagen, más hacia la izquierda, casi al borde del cuadro, un coracero de llamativo casco empuña una gran alabarda y, por supuesto, la brillante muchacha de vestido amarillo fuertemente iluminada, a ella no se atrevió Rembrandt a oscurecerla, de cuya cintura cuelga un gallo blanco, emblema de esta Compañía y que Rembrandt la identifica de esta forma en lugar de recurrir a estandartes o pendones, la cara de esta joven recuerda la de Saskia, la mujer de Rembrandt que falleció ese año.

Es de destacar el rojo brillante del fajín del capitán Cocp, el amarillo fuerte del uniforme del teniente Willen y cerrando el cuadro por la derecha el ocre claro del tambor que toca un polícromo soldado.

Hay un cierto aire caricaturesco al pintar al teniente Willen, nos lo muestra como un hombrecillo diminuto, la faja de la cintura le cruza el pecho, y ridiculiza aún más su imagen haciéndole llevar un lanzón enorme, pero los minuciosos detalles de su vestimenta son sencillamente espectaculares, tanto técnica como ornamentalmente.

Rembrandt muy aficionado a la buena vida, a los más caros caprichos y a vivir opulentamente sufrió un fuerte golpe moral con las críticas a este enorme cuadro y se comenta que ahí comenzó su lenta pero inexorable decadencia, agravada sin duda por los problemas económicos del país y el hecho de que sus pinturas estaban siendo superadas por nuevos artistas con técnicas muy diferentes,  ya hablamos de Hals, que era 24 años mayor que él, pero había aparecido un joven llamado Vermeer (1632 – 1675) con unas nuevas y diferentes formas de entender la pintura,y que ademas era una pintura mucho más asequible a un gran público, por todo ello Rembrandt se vio obligado en 1656 a vender o subastar todas sus pertenencias para hacer frente a las deudas contraídas.

Siguió pintando y los resultados fueron algunas obras excelentes, de esa época es el retrato de “Los síndicos de los pañeros”(1662) obra también corporativa, pero aquí se refugia en la técnica habitual del retrato en grupo, sin estridencias ni innovaciones, quizás la más conocida de esa época sea “La novia judía” (1666), recordando su viejo estilo, pero su trayectoria brillante y deslumbrante ya estaba terminada.

Rembrandt murió en Amsterdam pobre y solo en 1669, a los 63 años, tres años antes había muerto Frans Hals con 84 años.

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