Pinta Pradilla este cuadro en 1882 a petición del Senado y en él se encuentra actualmente.

Es una obra majestuosa de 330 x 550 y quiere representar el momento en el Boabdil entrega a los Reyes Católicos las llaves de la ciudad de Granada (2 enero 1942)

Simultáneamente a este cuadro, Moreno Carbonero pinta “Roger de Flor entrando en Constantinopla” también por encargo del Senado y en competición con Pradilla, parece que el ganador fue Pradilla, pero ambos cuadros pasaron a exhibirse en el Senado donde están actualmente.

La rendición de Granada a fondo.

Históricamente hablando del cuadro en cuestión parece ser que la reina Isabel no estuvo presente, pero Pradilla no duda en incluirla y, para que se la vea bien, le pone de fondo un frondoso ciprés que ayuda a recrearse en su imagen.

la rendición de Granada

La rendición de Granada

La pintura histórica, como la novela histórica, debe ser muy cuidadosa con los detalles, que deben corresponder a las costumbres y hechos de la época que narra, Pradilla lo sabe, aparentemente no hay discrepancia o fallo histórico grave en lo que la obra nos cuenta,  aunque ya veremos…

Pensemos que efectivamente doña Isabel estuvo presente. Se la ve reposada, casi altiva, muy segura en el caballo que monta en silla de mujer, en cualquier caso distante, mientras el rey Fernando parece ser que hace intención de tender la mano hacia Boabdil para ayudarle en el acto de la entrega de la llave.

Ambos Reyes tienen palafreneros que mantienen a sus caballos controlados, por cierto me parece que ambos no van vestidos como correspondería a unos palafreneros reales, el del Rey particularmente me parece que lleva una frívola vestimenta de los más inapropiada a su cargo y situación… y al día, estamos a dos de enero en Granada.

Particularmente dudo que esta ceremonia se realice a caballo, lo normal es que se haga pie en tierra o al menos el que se rinde lo haga a pie, en este caso si lo hacen a caballo el palafrenero del rey está mal situado, debía estar situado como el de la reina, dejando libre la mano derecha del rey.

Creo que Pradilla se ha hecho un lio con las riendas del caballo de Don Fernando, algo está mal puesto en las riendas, se cruzan entre sí y eso, pictóricamente hablando, no es tan difícil de arreglar, no entiendo como Pradilla pudo cometer ese desliz en algo tan simple. Los caballos grandes y poderosos como son estos solían llevar un bocado doble y de ahí la existencia de las dos riendas que se ve en ellos, una de ellas muy engalanada, de todas formas creo que no está bien resuelto el tema, sobre todo el de Don Fernando.

A la derecha de la Reina vemos a su hija Juana y al que suponemos su hijo Juan, bastante mejorado por el artista, pues parece que el príncipe, que tendría unos dieciocho años, era de constitución bastante débil.

Por cierto detrás de la cabeza del caballo de la Reina Isabel aparece el belfo de otro caballo, cuya frente debería asomar también, pero no la encontramos además parece demasiado alejado de los príncipes, que parecen estar en una especie de segunda fila, para ser su montura, algo raro existe en ese punto del cuadro, tenemos un caballo fantasma.

Detrás de los Reyes hay una aglomeración de cortesanos entre los que destacan muchas mujeres, me parece que para ir todos a caballo están demasiado juntos, los caballos necesitan su espacio además de ser voluminosos, por lo que imagino que ese grupo de mujeres parecen estar sentadas en algún tipo de carruaje o tribuna montada al efecto.

En el borde de la derecha podemos admirar la figura a caballo de Don Gonzalo Fernández de Córdoba, aún no era el Gran Capitán, pero si un esforzado caballero cuya apostura despierta la admiración de la dama que le mira y le sonríe con todo descaro, hay un curioso juego de miradas entre la dama  y el caballero que está a su izquierda que parece creer que él es el destinatario de la sonrisa de la dama, don Gonzalo simula no enterarse de nada y mira obstinadamente al frente, a su vera, también a caballo, está el Gran Maestre de la Orden de Santiago, Don Alonso de Cárdenas.

Obsérvese que el perfil de Don Fernando, de su hijo Juan, de Don Gonzalo, del caballero que mira a la dama que sonríe e incluso de la propia Reina Isabel y de su hija Juana, tienen todos el mismo perfil, como también la cara de don Alonso de Cárdenas se repite en el personaje que está a la derecha de Don Fernando, realmente Pradilla se ahorró un pastón en modelos.

La corona y el cetro que luce la Reina Isabel son copias de los reales e igualmente la espada de Boabdil.

Lo que comentábamos antes sobre la realidad histórica, mientras los Reyes Católicos montan pesados caballos, prácticamente caballos de batalla, Boabdil lleva un ligero, ágil y nervioso caballo árabe, controlado por su palafrén correspondiente, quien, caminando descalzo, ha iniciado un saludo reverente hacia los reyes castellanos, el palafrén parece llevar el escudo de Boabdil de forma que éste tenga el brazo libre para entregar las llaves. Por parte de los acompañantes de los Reyes Católicos es una especie de Corte ambulante y todos más o menos sonrientes, mientras que a Boabdil le sigue un grupo de guerreros a pie con las expresiones entre desafiantes, rencorosas o despectivas propias de los derrotados.

Obsérvese una maldad en Pradilla, los Reyes y su corte están sobre un suelo cubierto de hierba, mientras que los moros granadinos están todos en el barro.

En el lado castellano se intuye al fondo un grupo de soldados con enhiestas lanzas, Pradilla lo contrapone con similar imagen en el lado moro, pero en éste las lanzas se han convertido en árboles.

No sé si darle algún significado más o menos simbólico a esas florecillas que surgen en medio del barro del camino, realmente parecen cardos y, si lo son no están en su mejor hábitat, y algunas otras plantas silvestres, en cualquier caso dan una nota colorista rompiendo el árido fondo embarrado del suelo de la obra que miramos.

Por cierto en ese suelo embarrado se ven las rodadas de los carros, pero faltan las pisadas de los animales que tiraban de ellos, ¡ay los detalles!

Cerrando la imagen por el fondo se distingue un grupo numeroso de soldados castellanos a pie unos a caballo otros, están apenas esbozados pero lo suficiente para que se les identifiquen perfectamente y transmitan el poderío de los ejércitos Reales.

Por supuesto en el cuadro en general es de destacar el trabajo de representar la riqueza, del colorido y la minuciosa elaboración de las vestimentas y adornos en los personajes de ambos bandos, son extraordinarias las imágenes de las armas que portan los soldados moros, de una riqueza que se ve y se siente, distinguimos  brocados, sedas, armas y abalorios y también igual en el lado cristiano aquí incluso armaduras de acero bruñido resaltan con singular fuerza dentro de la composición general del cuadro.

No es fácil identificar el ángulo en el que ofrece la lejana Alhambra, parece que la parte derecha, la más lejana, debería corresponder al alcázar y zonas palaciegas, entonces esa fuerte torre que nos presenta más próxima debe ser la de Comares, no excesivamente bien ubicada, y a su lado la de Lindaraja, pero es una interpretación bastante libre, me da la impresión de que el conocimiento de Pradilla sobre la Alhambra era bastante discutible.

Una genialidad de Pradilla es el personaje que cierra la composición por la derecha, y que atrae la mirada del espectador: por su arrogante porte podría ser Jefe de Armas o Maestro de Ceremonias, quizás Paje Mayor, pero es simplemente un Macero Real que acompañaba a la comitiva para realzar la autoridad real y dar solemnidad al acto,  aparentemente podría parecer una figura superflua, pero si él no estuviera la imagen del conjunto quedaría rara, sin terminar, un feo agujero oscuro por el que se iría la mirada del espectador, así que ese personaje de abigarrado uniforme y gentil apostura cierra el cuadro con su deslumbrante presencia, es el digno colofón de un cuadro excepcional. Por cierto justo detrás de la cabeza del palafrenero de rey aparece otra maza con idéntica forma a la que se ve en la mano de este personaje y se entreveen unos ropajes similares bajo el cuello del caballo, luego había dos, como es natural, y estaban situados a ambos lados de la pareja real, ahí Pradilla no falla, pero comprenderán que si estos son los Maceros Reales vuelva a referirme a los palafrenes con esas vestimentas totalmente frívolas, fuera de temporada y del protocolo Real.

El cuadro esta firmado abajo a la izquierda, entre el barro, con una cuidada letra gótica:    F Pradilla granada – Roma 1882

3 comentarios en “La rendición de Granada – Pradilla.”

  1. Conocía la pintura y el tema de la rendición pero profundizar en ella y reconocer a los personajes secundarios ha sido enriquecedor.
    Por cierto, para no haber estado la reina Isabel presente en este acto histórico, el pintor hace que cobre un gran protagonismo y ocupe un lugar privilegiado.

    1. Un detalle caballeroso de Pradilla, que no ha podido evitar el gesto altivo de la reina. No te conformes con la pequeña vista del cuadro que adjunto, te recomiendo que busques en internet y lo amplíes a lo máximo, así podrás apreciar mejor los detalles.

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