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Los fusilamientos del 3 de Mayo – Goya

«Los fusilamientos del 3 de Mayo» es un magnífico cuadro de 268 x 314, fue pintado por Goya entre 1813 – 1814 y forma pareja con “La carga de los Mamelucos”.

Un par de obras con una temática similar que hacen referencia a escenas bélicas ocurridas en Madrid durante la ocupación de las tropas francesas, ambos cuadros se utilizaron para ornamentar un arco triunfal que recibió a Fernando VII a su entrada en Madrid.

Es llamado también “Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pio” haciendo referencia al lugar en que se realizaron las actividades que narra.

Los fusilamientos del 3 de mayo

La historia es, poco más o menos, la siguiente.

Con el pretexto de ayudar a las tropas españolas a controlar y conquistar Portugal, en 1807  Napoleón envía a España un ejército de unos 20.000 soldados franceses que entran pacíficamente, como aliados, en territorio español al mando del mariscal Murat.

En marzo de 1808 se produce el Motín de Aranjuez, desencadenado como protesta por las actuaciones del Secretario de Carlos IV, Godoy, quien fue destituido y hubo de abandonar a toda prisa España.

Como consecuencia de esta crisis Carlos IV abdica y entrega la corona a su hijo Fernando.

Esta situación la aprovecha Murat quien escribe una carta a Napoleón en la que le sugiere que España estaría mejor gestionada por un rey francés que por los actuales monarcas, parece que Napoleón aceptó la propuesta y se puso en marcha la operación pertinente.

Carlos IV y su hijo, el nuevo rey Fernando VII son citados por el propio Napoleón en la ciudad de Bayona, allí fuerzan a Fernando a devolver la corona a su padre Carlos, quien la entrega a Napoleón y este nombra a su hermano José rey de España.

Tanto Carlos IV como su hijo Fernando VII no vuelven a España y son llevados a territorio francés, los españoles no recelan nada, pues están acostumbrados a cambios de reyes, pero les intranquiliza saber que en mayo de 1808 los franceses, ya sobrepasan los 50.000 soldados y han tomado el control de numerosas ciudades.

Se corre la voz de que quieren sacar de España a los infantes María Luisa y Francisco de Paula y eso mueve al pueblo madrileño, muy nervioso por las incidencias políticas y las incertidumbres sobre su futuro, a echarse a la calle y se produce un levantamiento contra los ocupantes franceses.

La reacción de los franceses es terribles y “ríos de sangre bajan por las calles”, los franceses imponen una ley marcial férrea, el hecho de llevar una navaja, algo habitual en los hombres de la época, era suficiente para fusilarlos sin juicio, en el momento.

Y ahí entra nuestro Goya

En estos dos cuadros nos muestra dos momentos cruciales, uno, el propio 2 de mayo, cuando los soldados musulmanes del ejército francés, los “mamelucos”, atacan a los españoles agrupados en las calles y plazas y estos se defienden con bravura causando las bajas que pueden.

El segundo cuadro, en el «Los fusilamientos del 3 de mayo«, es la represión francesa, los españoles capturados son llevados de noche al cerro del Príncipe Pio, según parece ese cerro estaba en el entorno de la actual Plaza de España, cerca está la estación de ferrocarril del Norte llamada del Príncipe Pio, donde se realizan las ejecuciones.

Por efecto del tamaño del lienzo y para presentar una fuerte imagen de lo nos está narrando, el autor ha comprimido la acción, los soldados disparan casi a bocajarro sobre los detenidos, podía ser así perfectamente, pero posiblemente hubiera más distancia, no mucha más, pero algo sí.

En los fusilamientos, Goya nos presenta lo que él imagina que ha sucedido en la montaña del Principe Pio, y nos cuenta el proceso de los fusilamientos, ya hay un grupo que ha sido ejecutado y yace ensangrentado en el suelo, los soldados se encaran con un segundo grupo formado por unos seis personajes, destacando un fraile y un exaltado varón que se enfrenta a pecho descubierto a sus ejecutores.

Probablemente este grupo ha sido previamente encargado de limpiar el lugar de las ejecuciones de los cadáveres de los fusilados anteriores y ponerse ellos en su lugar, los siguientes harán lo propio con ellos.

Es evidente que Goya no presenció esta escena, seguramente se inspiró en algo que le contaron y su imaginación hizo el resto, por eso hay algunas discrepancias con una acción real, pero el dramatismo de la situación, que creo que era lo que Goya quería reflejar, se transmite perfectamente al espectador.

Notable la sabiduría del autor de pintar de un blanco purísimo la camisa de este hombre, esta camisa es la que dirige y concentra la mirada del espectador y, de alguna manera, es su homenaje a los que dieron su vida por sus ideales patrióticos.

Quizás aquí Goya quiere jugar a los simbolismos y la imagen de este hombre bien pudiera ser similar o recordar a un Cristo crucificado, incluso en su mano derecha se aprecia una especie de estigma, que claramente alude a la crucifixión.

Detrás ya están preparados el grupo que les seguirá en el fusilamiento.

El maestro ha captado las expresiones de todos ellos: sus miedos, desesperación y llantos, desgarrada arrogancia o resignación y rezos de último momento.

Goya tuvo fama de pintar mal las manos, procuraba esconderlas o evitarlas, pero en este cuadro tiene la osadía de presentarlas en primer plano, tanto las del cadáver que figura en primer plano como las del exaltado varón que las levanta hacia el cielo, Goya no teme exponerlas, están bastante simplificadas, pero están, que ya es algo.

Hay algunos detalles que me gustaría comentar sobre los fusilamientos

El farol que está delante del pelotón debía de iluminar solo hacia delante, la idea es que iluminara a los reos y dejara en una discreta penumbra a los ejecutores, en cuanto a iluminación Goya así lo representa pero olvida que los fanales que dan hacia el pelotón de fusilamiento deben oscurecerse, incluso se ven las sombras de los soldados.

Otra cosa del pelotón de fusilamiento está compuesto por unos cuatro soldados, a juzgar por los pies, pero los gorros son de varios más, pero no enfrentados a los que van a fusilar y se echa en falta quien dirige el pelotón, los soldados no fusilaban porque sí, debía de haber un mando que dirigía la operación, en este caso debía de figurar el fondo con el sable levantado listo para bajarlo e indicar el momento del disparo.

En cualquier caso algo falla en el cuadro de Goya, hay más reos que soldados, los soldados están muy desplazados respecto a los condenados, que se tapan unos a otros, en total una desorganización impropia de un ejército profesional como el francés.

Los condenados al fusilamiento están apelotonados, así no se fusila, los reos deben estar alineados, si no es así este fusilamiento es una chapuza, además hay más condenados que fusileros quizás porque no hay jefe que lo ordene adecuadamente, muy mal.

Una cosa muy chocante es la altura de los soldados franceses, deben ser enanitos, el gallardo español, que está de rodillas frente a ellos se le aprecia más alto que ellos, si se pone de pie, le llegan a la cintura y los podría espantar a papirotazos, bien podía ser que este compañero fuera de una impresionante estatura, pero sus compañeros, aparentemente todos están de rodillas, son de talla similar.

El primer soldado francés debía estar en un claro contraluz, pero parece perfectamente alumbrado por una luz desconocida, de hecho no tiene ni sombra.

En 1850 José Madrazo, a la sazón director del museo del Prado, puso en duda la autoría de este cuadro por Goya, basándose en que la calidad de la pintura era, en su opinión, muy inferior a otras obras similares, entre ellas “La carga de los Mamelucos” mucho más colorida y vibrante, a su entender, que ésta, que juzgaba algo monótona en su cromatismo y no lo impactante que el tema, según él, requería la escena. Esa opinión está a día de hoy totalmente desestimada.

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