Cuadro pintado por Antonio Gisbert en 1863, sus dimensiones son 311 x 377 y fue solicitado por el Estado Español, pasando a ocupar la cabecera del Salón de Sesiones del Congreso, donde permanece actualmente junto con “Juramento de las Cortes de Cádiz” de Casado de Alisal.

A la izquierda del cuadro aparecen representados la reina María de Molina y su hijo, Fernando IV. Ambos personajes están cobijados por un dosel y subidos a un estrado, y detrás de ellos aparecen dos obispos, portando uno de ellos un báculo pastoral. La reina María de Molina está cubierta con un manto rojo y lleva en la cabeza un velo blanco y una corona, y Fernando IV, que tenía diez años de edad en el momento de los hechos, aparece vistiendo una corta túnica blanca que le cubre hasta las rodillas y que está adornada con el escudo de Castilla y León.
El rey porta un largo cetro dorado en su mano derecha, que le llega casi hasta la cabeza, y luce una pequeña corona, la reina tiene los brazos parcialmente extendidos hacia adelante, en un gesto que parece indicar, como señalan diversos autores, que está presentando y, al mismo tiempo, velando por el destino de su hijo.
En primer plano, y a la derecha del estrado, a la izquierda en el cuadro, aparece el infante Enrique de Castilla el Senador, con la cabeza girada hacia el dosel que cubre a los monarcas. El infante Enrique, que lleva una larga barba blanca, tiene su cabeza cubierta con un birrete rojo, viste una larga túnica dorada con bordados en color oro viejo, y en la mano derecha lleva un pergamino enrollado, y a su izquierda está situado un pequeño mueble sobre el que se apoya y está extendido su manto azul.
A la izquierda del estrado aparece representado el infante Juan de Castilla el de Tarifa, que porta una corona en la cabeza, barba negra y mira a los monarcas con gesto altivo. El brazo derecho del infante le cubre el pecho en actitud defensiva, viste una cota de malla que le cubre todo el cuerpo, y sobre ella lleva puesta una túnica blanca que le llega a las rodillas.
Además, lleva ceñido un cinturón del que cuelga su espada, con empuñadura dorada.
Un crítico de arte comentó en 1864 las figuras de los infantes Enrique y Juan del siguiente modo:
A ambos lados del trono los dos rebeldes infantes, bien caracterizados en edad, figura y traje, si bien se sorprenden de lo que pasa, revelan su cauteloso amaño y la protesta interior que les subleva para conseguir después un resultado favorable a sus intentos. Frente al estrado donde se encuentran los reyes, un personaje vestido con una túnica de color marrón aparece sujetando su espada con su mano izquierda y con su brazo derecho extendido hacia arriba, en actitud de avanzar hacia los monarcas, y a la izquierda del estrado aparecen sentados una serie de individuos, entre los que figura un prelado que lleva un largo manto rojo, y detrás de ellos, y al fondo del cuadro, otros personajes están en pie, ataviados con vestiduras propias de la época.
Doña María de Molina es una de los grandes personajes de la historia de España, fue la esposa de Sancho IV, el hijo rebelde de Alfonso X,, y ocupó la regencia del reino de Castilla durante la juventud de su hijo Fernando IV, a su muerte en 1312, Doña María, su abuela tomó nuevamente la regencia hasta la mayoría de edad de su nieto Alfonso que accedió al trono en 1326. Doña María de Molina había vuelto a ser regente de Castilla 14 años después de su primera ocasión cuando asistió a su hijo Fernando, tendria sobre 62 años, una edad avanzada para la época.