Miguel de Cervantes, biografía breve y presentación.

Biografia miguel de cervantes
Miguel de Cervantes

Nació bajo el reinado de Felipe II, en 1547, y murió en Abril de 1616 a los 68 años, discutiéndose también la fecha exacta, el 22 o 23, probablemente murió el 22 y le enterraron el 23.

La familia de Miguel de Cervantes.

El padre de Miguel de Cervantes, Rodrigo, también con las lógicas precauciones, nacido en Alcalá de Henares, era cirujano, actividad poco reconocida socialmente y que incluía sacamuelas y sangrador, similar a la que hoy podía llamarse un practicante.

Con problemas de oido desde su juventud y que fue incrementando con los años hasta estar sordo como una tapia, él decía que esta sordera le impidió estudiar con éxito la carrera de medicina y lo que aprendió lo hizo a través de su abuelo materno que era un medico reconocido.

Así se quedó en médico zurujano, que era el escalón inferior de la profesión, siendo sus actividades principales las sangrías, suturas menores, reducciones de torceduras y dislocamientos y alguna cura de urgencia, todos estos trabajos, si no había un médico cirujano a mano los podía realizar un barbero.

Las dificultades para Miguel de Cervantes empezaron pronto.

Téngase en cuenta que en Alcalá, cientos de estudiantes que no conseguían terminar la carrera de medicina se quedaban en cirujanos como nuestro Rodrigo, por lo que conseguir  clientela era todo un arte y un medico sordo, como era su caso, no lo tenía nada fácil, así que el padre de Miguel de Cervantes decidió irse a Valladolid, donde supuso que tendría más posibilidades.

Cervantes quiso montárselo bien y asumió unos gastos y firmó unos préstamos a los que poco después se demostró que no podía hacer frente y eso le costó ir a la cárcel.

Entre unos pleitos y otros estuvo en prisión casi un año, hasta que su mujer y su madre, trabajando diligentemente consiguieron reunir el dinero necesario para pagar a los prestamistas y acreedores.

La familia volvió a Alcalá y Rodrigo desde allí nuevamente se fue, instalándose en Córdoba, allí Rodrigo empezó a realizar pequeños trabajos en cárceles y hospitales, trabajos que parece ser que le fueron facilitados por mediación de su padre, don Juan de Cervantes, que, aunque nunca hizo nada por su hijo, no le ayudó a instalarse forzándole a pedir nuevos préstamos, sí parece que intercedió por él para que le asignaran esos pequeños trabajos.

No está demostrado que Miguel de Cervantes estuviese con su padre en Córdoba, pues su madre se lo llevó a Alcalá desde Valladolid cuando tenía unos seis años.

La noticia de la muerte de la madre de su mujer le hace volver a Alcalá, pero sin querer repetir malas experiencias aprovecha para instalarse, con toda la familia, en la nueva capital recién estrenada de Madrid, donde aparece administrando la herencia conyugal de forma totalmente diferente a sus experiencias anteriores, pues se dedica a realizar prestamos.

Por cierto en esta actividad conocemos que estuvo en contacto con un caballero genovés Francesco Locadello quien le abonó una importante suma en reconocimiento a los servicios médicos prestados y, al mismo tiempo donaba una importante suma de dinero a nombre de Andrea, una de sus hijas, hermana de Miguel de Cervantes, para que ésta pudiese disponer de fondos. Quizás hagamos referencia a esto cuando hablemos de las hermanas de Cervantes.

Aunque sus últimos años no fueron tan calamitosos como los primeros tampoco nadó en la abundancia, pero tuvo una economía lo suficientemente saneada para, al morir, no dejar deudas pendientes, lo cual fue muy de agradecer.

De la madre de Miguel de Cervantes, Leonor de Cortinas, se sabe que procedía de Arganda y que era de familia de muchas tierras. Era una mujer culta para la época y seguramente su familia aspiraba a un casamiento más lucido que el que contrajo con Rodrigo Cervantes.

Miguel de Cervantes tuvo numerosos hermanos: Andrés, Andrea, Luisa, aquí iría Miguel, Rodrigo, Magdalena y Juan.

El primero Andrés murió siendo aún un bebé y del último Juan solo fue conocido cuando apareció en el testamento de su padre.

Sobre el aspecto físico de Miguel de Cervantes, él mismo se retrata en el Prólogo al lector de sus Novelas Ejemplares (1609), suponemos que a una edad ya avanzada, sabemos que ya ha publicado  El Quijote  y  debe rondar los sesenta y tantos  años (62), e intuimos que ésta su imagen es la propia del Ingenioso Hidalgo, dice:

Este que veis aquí, de rostro aguileño, cabello castaño, frente lisa y desembarazada; de alegres ojos y nariz curva aunque bien proporcionada; las barbas de plata que ha veinte años fueron de oro, los bigotes grandes; la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis y esos mal acondicionados y peor puestos, pues no tiene correspondencias los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha.

Su biografía es complicada: en sus primeros años, ya hemos comentado las dudas sobre su lugar y fecha de nacimiento y en cuanto a su muerte las mismas dudas, hoy día no se sabe con certeza dónde está enterrado.

Está comprobado que él pidió que fuera en el convento de las trinitarias,  y que así se hizo, pero actualmente no se ha encontrado un sepulcro físico, ni una lápida que indique el lugar, se le debió enterrar donde él pidió y también a su esposa, pero obras y remodelaciones posteriores modificaron la zona y se perdieron todas las referencias conocidas, los sepulcros de Miguel de Cervantes y su esposa se perdieron.

Su vida familiar fue muy azarosa, varias veces su padre y él cambian de domicilio y ciudad, probablemente tuvieron problemas con la justicia o con acreedores, llegando incluso a estar Rodrigo en prisión y sus bienes embargados.

En estas circunstancias socio-familiares la educación de Miguel fue problemática, nunca pudo terminar ningún estudio, aunque parece que tomó clases en Valladolid, Sevilla o Córdoba e incluso aparecen contactos escolásticos con la Compañía de Jesús, probablemente durante su estancia en Valladolid.

Los estudiosos lo intuyen por las referencias que se pueden deducir de sus Novelas Ejemplares, en El coloquio de los perros hay unas referencias bastante fiables de la vida estudiantil en un colegio jesuita.

Pero todo son especulaciones de uno u otro estudioso de la vida de nuestro protagonista.

Cuando su padre Rodrigo se afinca en Sevilla él ya tiene 17 años, es casi seguro que viviera allí con él y, dado que vivían en el vecindario de Lope de Rueda, aunque es muy probable que no se conocieran, pues Lope de Rueda falleció al año siguiente, 1565, en Córdoba. Cervantes ya le admiraba desde que, años antes, vio una obra suya en Madrid, una representación delante de los propios Reyes y, ya en Sevilla, asistiría a las representaciones de las obras de su vecino y seguramente allí surgió la afición al teatro.

En Madrid, Roma y Lepanto

Miguel de Cervantes pronto se desvincula de la vida familiar, en 1566 con apenas 19 años ya lo situamos en la corte de Madrid, es un muchacho con ansias de aprender y conoce y asiste a las enseñanzas de don Juan López de Hoyos, párroco de la iglesia de san Andrés, cronista de la villa de Madrid y maestro de jóvenes con intereses literarios, en cuya crónica de 1569 cuenta que, celebrándose unas exequias en honor de la fallecida reina doña Isabel de Valois, se presentaron en ellas glosas, panegíricos, epitafios y poemas en honor y alabanza de la fallecida, el señor López de Hoyos recitó unos hermosos poemas, haciendo alusión a que habían sido compuestos por  su amado discípulo Miguel de Cervantes.

Miguel de Cervantes
lápida casa Lopez de hoyo

Estos versos hacen que el nombre de Miguel de Cervantes pase a ser conocido y se sabe que, a través de López de Hoyos, le encargaron algunos epitafios y oraciones fúnebres.

En Madrid ya están también su madre, hermanas y demás familia, y se cree que todos vivían en la propia casa de Miguel de Cervantes.

Pero justamente en ese mismo año 1569, Miguel de Cervantes se va a Italia, súbitamente, parece que hay una providencia real que pide su detención y encarcelamiento acusado de herir en duelo a un arquitecto llamado Antonio Segura: un turbio asunto en el que parece que también estuvieron implicadas “las cervantas”.

Ya en Roma procuró establecer relaciones con los círculos más académicos y pronto estuvo en contacto con sus más representativos personajes, conoció a  Ludovico Ariosto  y, a través de él, a los principales poetas caballerescos y también al judío sefardita Yehuda Abrabanel, llamado León Hebreo, de quien aprendió a valorar el aristotélico amor platónico. Estos contactos fueron muy importantes en toda la vida de Cervantes y dejaron huella permanente en su mente y sus escritos.

Pronto está plenamente integrado en la sociedad romana y se pone al servicio del cardenal Giulio Acquaviva y con él, formando parte de su séquito, recorre Milán, Florencia, Venecia, Palermo y las principales capitales de aquel entonces, pero súbitamente deja esta vida plácida y se enrola como soldado en el tercio de Miguel de Moncada.

Probablemente algún asunto de faldas o de finanzas le obligó a abandonar Roma precipitadamente, a juzgar por la edad de nuestro personaje, 23 años, lo más probable es que fueran problemas del primer tipo, faldas.

Dentro de esta nueva actividad embarcó en la galera Marquesa, como soldado de la compañía del capitán Diego de Urbina, en el tercio de Miguel de Moncada, y el 7 de Octubre de 1571 participó en la batalla de Lepanto.

Cuenta su historia personal, a través de una crónica oficial elaborada con posterioridad, que ese día estaba enfermo, dicen que de malaria, y postrado en su litera bajo la cubierta de la galera,  sus compañeros le aconsejaron que permaneciera allí mientras no se pudiera mantener de pie, pero él rechazó lo que le decían y haciendo gran esfuerzo se levantó y acudió a su puesto de combate “que más quería morir peleando por Dios y su rey que permanecer so cubierta”.

Miguel de Cervantes

Su valía fue reconocida y el propio Don Juan de Austria le ascendió y le dio una paga extra de cuatro ducados.

Miguel de Cervantes de dicha batalla salió herido, con dos arcabuzazos uno en el pecho y otro en la mano izquierda, el del pecho no debió ser grave pues no hay noticias de que tuviera complicaciones, pero el de la mano izquierda se la dejó tullida, no la perdió, pero no podía manejarse con ella.

Un año después se reincorpora al servicio activo participando en numerosas expediciones: Corfú, Bizerta o Túnez, ahora en el tercio de López Figueroa, bajo el mando del capitán Manuel Ponce de León.

Hasta el fin de sus días Cervantes se mostró orgulloso de haber participado en la batalla de Lepanto, “el más grande éxito de la cristiandad frente al turco”, según a él le gustaba decir.

Miguel de Cervantes cautivo en Argel.

En 1575, tras descansar un tiempo en Nápoles, este descanso fue tan completo que hasta tuvo un hijo, inicia su regreso a España, viene muy reconocido y recomendado y su hermano menor Rodrigo, que le ha acompañado en los últimos viajes, viene también con él, pero su barco es asaltado por piratas a la altura del cabo de Rosas, Miguel y su hermano son hechos prisioneros por los piratas y llevados a Argel.

Como se le encontraron en su poder las cartas de recomendación que llevaba firmadas por el propio Don Juan de Austria hizo pensar a sus captores que era una persona importante y fijaron su rescate en quinientos escudos de oro (más de 20.000 euros).

Cinco años duró su cautiverio y durante el cual Miguel de Cervantes intentó escapar muchas veces, pero siempre fue capturado, casi todas ellas por chivatazos de sus propios compañeros que buscaban un mejor trato por parte de sus captores a cambio de sus delaciones.

Desde España la familia de Miguel de Cervantes apenas conseguía reunir los dineros necesarios, recordemos aquí los increíbles esfuerzos de su madre, doña Leonor, la cual,  una vez conseguida una cantidad regular, que era toda su fortuna, empezó los trámites de liberación, pero los capitales aportados fueron insuficientes y Cervantes los utilizó para liberar a su hermano pequeño, este hermano llevaba un plan elaborado por Miguel y que incluía el uso de una embarcación que pasaría a recogerles a él y otros treinta o cuarenta cautivos, sorprendentemente el plan se llevó a cabo, pero, cuando la goleta estaba a la vista, nuevamente fue delatado por uno de ellos y Cervantes fue nuevamente a la más dura de las prisiones, fue confinado en una de las celdas del propio palacio del bajá y le comunicaron que en breve sería trasladado a la propia Constantinopla, desde donde ya nunca podría escapar.

Ya estaba en la galera que habría de transportarle a Constantinopla cuando, un nuevo prodigio de doña Leonor y familia, fue milagrosamente liberado por los hermanos trinitarios que se ocupaban de estos menesteres, incluso llegaban ellos a ocupar el lugar de los liberados.

Se dice que, en principio, solo disponían de trescientos de los quinientos escudos que el bajá solicitaba pero que, haciendo peticiones entre la colonia cristiana de Túnez y Argel, consiguieron reunir lo que les faltaba, tal vez no consiguieron la totalidad de lo pedido, pero las hábiles negociaciones de fray Juan Gil lo consiguieron: Cervantes fue liberado cuando ya era inminente su partida hacia Constantinopla y pudo finalmente regresar a España.

Rápidamente se dirige al rey, que por aquellos tiempos tenía la corte en Lisboa, en petición de un empleo, pues toda la fortuna familiar se ha gastado en los rescates de su hermano y de él mismo, el rey le encarga algunas misiones, las primeras precisamente en Túnez aprovechando sus conocimientos de la lengua y costumbres de sus antiguos captores.

Antes de seguir querría hacer un inciso en un punto que parece importante ¿Por qué se llama Miguel de Cervantes Saavedra, si su madre se llamaba Leonor Cortinas?

Pese a lo que se cree comúnmente, Saavedra no era el apellido de Cervantes, ni tampoco un patronímico que llevaran sus antepasados directos.

El escritor asumió este apellido  después de su retorno de Argel, donde estuvo cautivo cinco años, desde 1575 hasta 1580.

Este apelativo adquiere una significación extraordinaria a la luz de la creación literaria cervantina, porque Saavedra es también el nombre otorgado por el autor a varios de sus personajes más sugerentes: el héroe de su drama El Trato de Argel, compuesto entre 1581 y 1583, después de su retorno de Berbería, lleva el nombre de Saavedra, también Miguel de Cervantes le otorga de nuevo el nombre Saavedra al héroe de El gallardo español (c. 1597-1606), comedia que dramatiza el ataque turcoberberisco al presidio español de Oran, en 1563, por las tropas de Hasán Pacha, el hijo de Barbarroja y aún hay otros avatares que unen este nombre a una constelación afectiva en la vida y obra de Cervantes.

Saavedra es el nombre del valeroso soldado cristiano que suscita la admiración del cautivo Ruy Pérez de Viedma en La historia del cautivo, novela autobiográfica que nos interroga desde el doble registro de la historia y de la ficción, interpolada en El Quijote de 1605. Puesto que para la época en que aparece El Quijote, su autor ya llevaba más de quince años firmando «Miguel de Cervantes Saavedra», tanto en documentos oficiales como en su obra literaria.

Un pariente lejano, Gonzalo Cervantes Saavedra, seguramente influyó sobre Cervantes en su elección de un segundo nombre. Poeta y escritor, Gonzalo tuvo que abandonar su Córdoba natal en 1568 después de un sangriento duelo, una historia similar a la del joven Cervantes, quien quizá escapó de Madrid por motivos similares en 1569.

Gonzalo se había embarcado en las galeras de don Juan de Austria y, por tanto, posiblemente peleó también en Lepanto.

Miguel de Cervantes debió haberlo conocido personalmente, ya que incluyó el nombre de Gonzalo Cervantes Saavedra entre los poetas cordobeses elogiados en el «Canto de Calíope» de La Galatea (1585).

Arruinado después de una vida soldadesca disipada, Gonzalo zarpó para las Indias en 1594, pero pereció en un naufragio cerca del puerto de La Habana . Le hubiese servido de modelo o no este Gonzalo, lo cierto es que Cervantes revela su fascinación por el nombre Saavedra, como ya hemos comentado.

También recordemos que Cervantes hubo de huir de España por problemas con la justicia debido a un duelo ya comentado anteriormente con un tal Antonio Segura y quizás nuestro hombre quiso camuflar un poco su nombre por si aún estaba en la lista de personas buscadas.

Inicia su actividad literaria

En esas fechas Cervantes inicia su actividad literaria y escribe La Galatea, que promete será dos tomos, pero solo escribe uno, una égloga dividida en seis libros.

La Galatea es una novela pastoril al uso: dos pastores, Elicio y Erastro, se enamoran de una pastora, Galatea, que une a su belleza los dones propios de las heroínas de la época: discreción, buen juicio, honestidad, bondad y cuantos más puedan enumerarse, pero ella ama su libertad por encima de todo y no acepta a ninguno de sus pretendientes, los cuales tienen interesantes diálogos sobre el amor y el desamor, entre ellos y con otros pastores, hay historias intercaladas… en fin una novela al uso de las de aquella época. No tuvo mucho éxito, en aquellos momentos había mejores novelas que la de nuestro personaje, por ejemplo Diana enamorada de Gil Polo, escritor que se conoce porque el propio Cervantes le dedica unos versos en La Galatea, en un episodio en que la musa Caliope se aparece a los pastores y hace una alabanza a los mejores poetas del momento.

Cervantes estaba muy orgulloso de esta obra, y siempre pensó en escribir la segunda parte, tan seguro estaba que la primera parte se termina sin finalizar la acción de la aventura emprendida y se despide diciendo que el lector podrá conocer lo que pueda seguir en la segunda parte que se editara en breve. Pero ya sabemos que nunca ocurrió.

Se casa con Catalina de Palacios

La vida de Miguel de Cervantes proseguía a gran velocidad.

Por aquel entonces Miguel de Cervantes con 37 años se casa con Catalina de Palacios y Salazar, una joven de apenas veinte años, la boda se celebra en Esquivias. Previamente nuestro personaje ha tenido una hija como resultado de sus relaciones con Ana Villafranca, o Ana Franca, esposa de un tabernero, cuyo establecimiento frecuentaba, la muchacha se llamó Isabel y él la reconoció años más tarde.

Este matrimonio no parece ir bien y aparenta resquebrajarse porque él inicia una actividad que le separa totalmente de su casa y familia: es encargado por el rey Felipe de actuar, en Sevilla, como comisario de provisiones para la llamada Armada Invencible, se convierte en recaudador de bienes, debiendo ir de puerta en puerta y de cortijo en cortijo recaudando las cantidades de alimentos o dineros que deben ser entregadas al Tesoro Público.

Cervantes en la cárcel y edición de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha

Posteriormente le encargan recaudar impuestos atrasados, lo que tampoco era tarea grata y le causará innumerables conflictos, recogiendo unos dineros que irían fundamentalmente a cubrir los gastos de las guerras contraídas por el rey. Un turbio asunto con la quiebra del banco donde se depositaban y la sospecha de que se quedaba con parte de lo recaudado dan con él en la Cárcel Real de Sevilla y allí permanece desde Septiembre a Diciembre de 1597,

Es durante esta estancia cuando, según él mismo cuenta en su prologo, se “engendra” su novela sobre Don Quijote, no se sabe si quiere decir que empezó a escribirla o que allí se le ocurrió la idea, lo cierto es que en 1605, ocho años después, se publica la obra titulada El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Cervantes y Lope de Vega

Si se habla de Cervantes hay que hablar de Lope de Vega, es interesante y curioso saber que ambos, junto a Góngora vivían en la misma calle de Madrid, llegaron a ser vecinos, por aquellos tiempos también vivió Quevedo, de todos ellos Quevedo era el más joven y Cervantes el mayor, cuando Cervantes murió Quevedo tendría unos 36 años.

La relación entre Cervantes y Lope fue difícil y muy cambiante, fueron amigos, enemigos, amigos, enemigos y así siempre, hablamos en el ámbito literario y profesional.

En el canto de Calíope a que antes hacíamos referencia al hablar de La Galatea, Cervantes, por boca de la musa, alaba a los más grandes poetas del momento y, entre ellos, incluye a Lope de Vega.

Miguel de Cervantes fue siempre un autor clásico, estricto en las normas y los procedimientos, lo que daba a sus obras un aspecto rígido, poco ágil, y casi uniforme.

Por el contrario, el espíritu desenfadado y provocador del joven Lope, era quince años más joven, rápidamente hizo mella en el publico y en Cervantes, sobre todo cuando un tal Avellaneda escribió una obra titulada Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de inmediato Cervantes vio la mano de su enemigo literario Lope de Vega y eso le forzó a escribir su propia segunda parte, El ingenioso caballero

Cuando hablemos de la esposa de Cervantes, Doña Catalina de Palacios, será interesante conocer la relación entre ambos con la figura de doña Catalina en medio, llegando al tenso incidente en el duelo por el fallecimiento de nuestro personaje.

Técnica narrativa de Cervantes

Cervantes ya se ha dicho amaba el teatro y escribió algunas obras, pero lo hizo dentro de la ortodoxia teatral, eran obras moralistas, de estructura muy definida  y lenguaje clásico, a veces simbólico y enrevesado, por el contrario Lope de Vega era todo lo contrario, se saltaba las formas clásicas de escribir, sus obras eran a menudo desvergonzadas, satíricas, cómicas, irrespetuosas y, sobre todo, directas y fáciles de entender, algo totalmente nuevo que nunca se había visto y llegaba a la gente con facilidad.

Quizás por ello las obras de Cervantes fueron menos preferidas que las de coetáneo Lope, pese a ello son numerosas sus aportaciones al teatro, recordemos El cerco de Numancia, obra épica que cuenta los sufrimientos de los numantinos ante el asedio del general Escipión.

Aprovechó nuestro hombre sus experiencias en cautividad para dar vida a Los baños de Argel, La gran sultana, o El gallardo español, donde reivindicaba a los soldados españoles, mal pagados y olvidados en sus retiros, también son dignas de recordar Pedro de Urdemala o El rufián dichoso, obras picarescas, pero finalmente Cervantes fue decantándose por el entremés, en el que tuvo un gran peso especifico, ha sido considerado uno de los más insignes entremesistas de la historia junto con Francisco de Quevedo, algunos de sus entremeses se recrearon posteriormente en sus Novelas Ejemplares, cual es el caso de El viejo celoso, que se transforma en El celoso extremeño, otras veces las alusiones se plasman en el propio Quijote, como la sanchopancesca historia de las Elecciones de los alcaldes de Doganzo, hay obras de mayor presencia como El retablo de las maravillas, pero la gran mayoría son entremeses divertidos y moralizantes: el juez del divorcio, el rufián viudo, el vizcaino fingido, la cueva de Salamanca o la guarda cuidadosa.

Últimas actividades literarias y muerte

También escribió poesía, fue su principio y su final, poco antes de fallecer se editó su obra Viaje al Parnaso (1614) donde describe un viaje imaginario: en una galera, que gobierna el propio Mercurio, se dirige a ese monte y aprovecha el viaje para criticar a los autores del momento, ensalzando a unos y ridiculizando a otros.

Aún le quedó tiempo para escribir otra novela de carácter bizantino (El amante liberal, de sus Novelas Ejemplares está en esta categoría): Los trabajos de Persiles y Segismunda; en ella unos enamorados príncipes del norte de Europa inician un viaje expiatorio que debe terminar en Roma, ocultan sus verdaderas personalidades y se hacen pasar por hermanos, visitan países, entre ellos España, y el autor narra infinidad de peripecias. Realmente Cervantes se está despidiendo de su público y sus amigos, murió, al parecer como consecuencia de la diabetes que padecía, antes de poder finalizar las correcciones de los últimos capítulos.

Incluso en la muerte de Don Quijote está presente el llamado Cide Hamete Benengeli. Astutamente Cervantes nos oculta el lugar de fallecimiento y posible enterramiento de su caballero, ni al Cide Hamete se lo dice: “por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenerlo por suyo, como contendieron la siete ciudades de Grecia por Homero

Previamente el cura pidió al escribano testimonio de la muerte de Don Alonso Quijano, para evitar que un nuevo Cide Hamete lo resucitase con nuevas aventuras.

En su epitafio, el bachiller mandó poner lo siguiente:

Yace aquí hidalgo fuerte

 Que a tanto extremo llegó

de valiente, que se advierte

que la muerte no triunfó

de su vida con su muerte.

Tuvo a todo el mundo en poco

Fue el espantajo y el coco

Del mundo, en tal coyuntura

Que acredito su ventura

Morir cuerdo y vivir loco

Y el propio Cide Hamete se despide de su pluma, dejandola a buen recaudo y la previene que, si alguien quiere profanarla, diga:

¡Tate, tate, folloncicos!

De ninguno sea tocada

Porque esta empresa, buen rey

Para mí estaba guardada.

Murió, a los 69 años, el 23 de Abril de 1616… ¿o fue el 22?

Cervantes pidió ser enterrado en la cripta del convento de las Trinitarias Descalzas, en agradecimiento por la labor que la orden trinitaria desplegó para salvarle de su cautiverio en Argel.

Fue enterrado en una de las capillas, que era conocida y, en su momento, situada correctamente, y diez años más tarde su mujer le acompañó, ella al menos lo pidió así y es de suponer que le hiciesen caso, pero unas obras en el edificio remodelaron toda la zona y la capilla desapareció, sus enterramientos fueron trasladados y ahí se perdió su rastro.

Hemos prestado singular atención a:

Las mujeres del Quijote

Las mujeres de Cervantes.

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